lunes, 26 de octubre de 2015

Encontrarnos


Era una mañana soleada. Antes había ido a la chacra con mama Eva a recoger alfalfa para los cuyes; y me animé a ir a la huerta, queda a cinco minutos de su casa; me senté y mire hacia arriba y solo habían árboles frutales con pajaritos cantando.
Cuando seguí avanzando, mi hermana me señalo hacia la gran mata de plátano que yacía solo en medio de la huerta, así que me acerque a darle un fuerte abrazo para que no esté solito ni triste.
Cuando salía de la huerta, me tope con mi tío; quien se dirigía en busca de alguna novedad fuera de la casa y entonces; bueno decidí ir con él en su búsqueda.
No les miento, hacia muchísima calor; la verdad que caminar así, me pareció terrible. Pero mi curiosidad es más grande que cualquier condición climatológica, de pronto me voy dando cuenta que ya conocía el camino a donde íbamos.
Oh sí; pues era esa quebradita, yo se que encontraríamos allá; pero "hare como que no sé y lo seguiré para entender la situación". Espero que no haya malogrado nada, tal vez, solo quería estar solo.
Sabía que quería estar solo; no buscaba nada en realidad; solo quería encontrarse el mismo allá en ese lugar. Nunca soy inteligente para darme cuenta, cuando alguien quiere estar solo. Pero no fue así, conversamos y me contó un montón de cosas que me hicieron ver que es un buen chico. Siempre lo creí, pero me lo volvió a decir.
Mientras caminaba y me contaba sus cosas; oí algo en mi cabeza (es raro, porque no era la voz de él), como si alguien me llamara; obviamente no le di importancia. Y es que en esa quebradita (según cuenta mi mama Eva, había almitas que se quedaban suspendidas y pedían ayuda) suelen suceder cosas extrañas. Pero este no es el caso de esos cuentos; se trata de mi error, debo aprender a dejar a las personas encontrarse, porque no siempre podre estar con ellos intentando ayudar a todo el mundo. Lo siento Luisito. 
Yo también debo estar sola; hay cosas que debo aclararme, pero no quiero hacerlo aquí (en la ciudad de Arequipa), que sea en la playa o en tus brazos mi Cotahuasi.

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